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Mujer: Ya no es como antes...
Enviado el Martes, 15 enero a las 07:41:44 Pareja "No funcionó como esperaba"
"Si otros lo hacen, por qué no yo"
A muchos les ha ocurrido, es normal"
"Tengo derecho a...".
"Ya no es como antes"


Los anteriores son argumentos que escuchamos habitualmente en parejas que están en la etapa final de su autodestrucción matrimonial.



Los problemas no están ausentes de la relación sexual, ni de la relación de pareja, como de ningún otro aspecto de nuestras vidas. Debemos aprender a vivir con ellos, a no sobredimensionarlos y a darle la real importancia a los pequeños problemas de cada día; para que aseguremos nuestra felicidad y la de quienes nos rodean. En tu forma de enfrentar y solucionar esos pequeños problemas diarios, construyes las bases de la estabilidad de tu relación de pareja.

En la felicidad y en el placer todos somos buenos. Es en las dificultades donde puedes lograr crecer y obtener un aprecio estable con la admiración de tu pareja; es en las dificultades donde realmente demostrarás tu amor por ella. Es difícil, y por lo mismo extremadamente gratificante cuando has superado la tempestad.

Lamentablemente, muchas personas hoy en día piensan que la relación de pareja se crea y se mantiene como por obra de magia; o que, cuando hay problemas, es porque el otro los ha provocado, asumiendo una actitud de competencia o de lucha de derechos en un principio, la que luego se transforma en martirio y finalmente termina con la ruptura definitiva de la pareja, bajo el común argumento de que toda persona tiene "derecho a ser feliz".

Es común que ambos esgriman como propios los mismos argumentos en su defensa (justificación), y similares recriminaciones a su pareja. En apariencia, es la solución más fácil, porque inicialmente produce una sensación de alivio o del término de un mal, y pareciera ser el comienzo de una nueva vida con menos presiones.

Lamentablemente, es habitual que, para muchos, el costo real de la decisión de terminar un matrimonio sólo es posible verlo en toda su magnitud desde la vejez; cuando inevitablemente se ven resultados, y puede medirse así la trascendencia de las acciones realizadas durante nuestra vida. A esta altura de la vida ya no importa quién tuvo la razón, quién fue más o menos culpable de algo; vemos las consecuencias que nuestros actos tuvieron para la vida de otras personas; vemos el fruto de nuestra generosidad y gratitud, o el fruto de nuestro egoísmo e ingratitud.

Hay parejas que parecen no querer tener la suficiente voluntad para luchar por ellos mismos y por quienes los rodean, cuando deben enfrentarse a un problema mayor. En la mayoría de estos casos, nunca agotaron sus posibilidades de lucha, pero en cambio, agotaron rápidamente los puentes de comunicación que les quedaban; crearon una atmósfera que precipitó los acontecimientos, porque no somos capaces de resistir ambas situaciones por mucho tiempo en un mundo que de sí ejerce tantas presiones (como hemos creado el de hoy).

En estos casos, frente a problemas que se ven como extremos en su momento, en vez de buscar soluciones juntos, se encierra uno de los miembros de la pareja en sí mismo (luego el otro) e inicia un proceso que dura meses, buscando elementos de autojustificación para finalmente obtener el paquete de argumentos con los que ante sí mismo y los demás justificará su decisión de separarse en "bien" de todos y reclamando su "legítimo derecho" a ser "feliz", del que dirá haber sido privado por las circunstancias.

Es normal oír a estas alturas dos argumentos principales referentes al momento en que tomó la decisión de casarse: que lo hizo con presiones indirectas y circunstanciales o sin conciencia de cómo era realmente su pareja. Apoyándose en una lamentable descalificación sistemática y cruel de su pareja, para mostrarse a sí mismo/a como un/a magnánimo/a, que ha soportado esos defectos ajenos por tiempo suficiente, por lo cual ahora le corresponde "ser feliz" o buscar la ansiada felicidad con otra persona.

Con respecto al otro, le ocurre otro tanto, o no ve lo que ocurre hasta que la situación explota ("no hay peor ciego que el que no quiere ver"), mostrando sorpresa y gran dolor, que luego se transforma en indignacion y dolor, terminando generalmente en actitudes revanchistas para sentirse "nivelado" con la pareja, como por ejemplo: si habla mal, yo hablo mal; si él sale con otras, yo también. Si el afectado es una persona valiosa, efectivamente puede ser demolida con una situación así, dificultando la toma de decisiones adecuadas para poder luchar en forma efectiva por la relación perdida. El descuido en la atención a los deseos de la pareja, o su falta de conocimientos, ahora le costará pagar un alto precio, jamás imaginado. En cuanto a los conocimientos necesarios, espero que este libro le sea de alguna ayuda a estas personas, para despertar su esperanza en luchar nuevamente por recuperar a su pareja en la forma adecuada, entendiendo qué no hicieron y cómo es posible recuperar a la pareja mientras exista vida y voluntad en ello. "Donde fuego hubo, brasas quedan".

El argumento del derecho a ser feliz y a rehacer una vida, aunque efectivamente sea llena de sacrificios, es válido solamente cuando no es a costa de otra vida. Tenemos la obligación natural de jamás hacer daño a otro ser, menos aún buscando una satisfacción personal; no todos son capaces de ver la real y total dimensión de esta ley natural, aduciendo derechos inferiores a ella, para justificar sus decisiones. En la vida puede ocurrir a veces, que incluso siendo tú la víctima, será necesario sacrificar algo muy importante para ti, para no dañar gravemente otra vida. Es una muy dura oportunidad de crecer.

Sabemos que la satisfacción buscada por un/a buen/a amante es también personal, pero compartida; la obtiene como consecuencia de darse al máximo por satisfacer a su pareja.

¿Quién puede ser feliz si lleva en su conciencia el haber colaborado en la destrucción de su vida de pareja? Con su pareja, seguro morirá una parte suya muy importante, prueba de lo cual es la alta tasa de divorcios reincidentes.

Una vez divorciado, ¿por qué no una segunda vez, una tercera?

Para la cultura de la búsqueda de una satisfacción personal y egoísta, todo debe ser desechable; todo, inclusive las personas que amas: pareja, hijos, padres, hermanos, amigos. Para esa cultura cuando dejan de darte placer unos o te provocan problemas otros, debes despedirlos (divorcio), abandonarlos en un asilo (padres), cambiar por otros (amigos); y, por supuesto, para "la cultura de la satisfacción" los hijos siempre sobran; como son dependientes, se les trata como a una pelota en un campo de fútbol, y para asegurarse de no recibir quejas que puedan golpear la conciencia no pocos padres utilizan compensaciones materiales eventuales, cuando lo que necesitan realmente es otra cosa (tiempo, seguridad, afecto, una familia).

En el divorcio fácil e inmediato, parecen no medirse las consecuencias de largo plazo: destruye a las personas (que se divorcian) y a sus familiares, sin constituir ninguna garantía de solución para estas parejas.

Quién quiera rehacer su vida en forma natural (sin dañar a otros seres), siempre lo podrá hacer: la Iglesia tiene canales y formas de ayuda que han funcionado exitosamente en miles de parejas "rehechas". A pesar de lo cual, se ha opuesto a las leyes de divorcio gubernamentales por considerar que éstas se plantean como una forma de facilitar y apoyar el concepto del "matrimonio desechable" o de "matrimonio mientras nos dé satisfacción personal (no de pareja)", que promueve la cultura de la satisfacción.

Este problema, que se plantea como exclusivamente legal, tiene dramáticas consecuencias en el terreno sicológico y moral, lo que se ha comprobado en países donde existe ley de divorcio, incrementando las tasas de divorcios, entre otras graves consecuencias para la estabilidad de la familia y por ello, de todas las personas.

O sea, existe un real problema de orden legal, pero con una ley de divorcio mal hecha se crea un problema humano que, desde el punto de vista de la Iglesia o de la naturaleza del hombre, es mucho peor que el anterior. El tema debe ser solucionado cuidando aspectos legales y antropológicos, en integridad, para lograr efectivamente proteger a la institución básica de toda sociedad humana, la familia.

Una solución real para las personas comunes que no hemos sufrido estas calamidades, es el esforzarnos por aprender cada día a ser una mejor pareja, como otras tantas parejas y familias felices, que son capaces de enfrentar con conocimiento y afecto los normales inconvenientes que presenta la vida, logrando disfrutar plenamente los muchos gratificantes momentos que ella depara.

Entre tantos errores causados por el fracaso matrimonial, no es poco frecuente que se involucre a Dios en estas situaciones, presumiendo su abandono después del divorcio, como asimismo, el de la Iglesia. Esto es un profundo error. Dios siempre está con cada uno de nosotros, y somos nosotros los que por nuestra sola voluntad nos alejamos de Él, después de haber hecho un mal. Sin embargo, a pesar de ello, Él continúa permanentemente a nuestro lado esperando nuestro cambio, con inmenso afecto y con un sentimiento de padre impotente de ayudarnos, ya que no desea intervenir forzando nuestra voluntad, sin nuestro consentimiento previo, expresado a través de palabras y acciones concretas; pues, si actuara sin considerar nuestra voluntad, ahí terminaría nuestra libertad dada por Él mismo.

Quien requiera su ayuda no puede limitarse a pedir solamente (lo que significaría un caos, por nuestras frecuentes inconsistencias); se debe también actuar. El pedir, sumado a acciones concretas, es la expresión real de nuestra voluntad: sólo así le desatas sus manos y le permites ayudarte. Tan sólo de cada uno de nosotros depende nuestra vida y la trascendencia de nuestras acciones.

Por otro lado, cuando pedimos algo a Dios, a veces olvidamos el "para qué", el cual generalmente es superior al deseo pedido. Por ejemplo: si pido algo concreto, pero lo que busco con ello es felicidad, ¿quién mejor que Dios puede saber lo que nos hará felices? Si él nos da algo diferente a lo pedido inicialmente: ¿seremos capaces de verlo y agradecerlo?

Esto conduce, muchas veces, a desconocer lo que Dios nos da en forma de soluciones reales y mayores; sintiéndonos frustrados por no haber recibido lo que pedimos, sin ser capaces de ver que lo pedido, muchas veces, no era el mejor camino hacia nuestra felicidad.

Otra prueba más de nuestras frecuentes inconsistencias, cuando de pedir a Dios se trata, es olvidarnos, continuamente de la importancia de respetar sus mandamientos; ellos no son un conjunto de leyes dictatoriales impuestas, como algunos han mal interpretado. Son un conjunto principal de leyes naturales, sugeridas por Dios a todos los hombres y mujeres, con el único propósito de guiarnos clara y efectivamente hacia la propia felicidad. Son un regalo de nuestro Padre común; realizado con ocasión de nuestra frecuente conducta ciega; ésa que, a no pocos, les hace desconocer u olvidar nuestra realidad natural, y, en el extremo, hasta renegar de su paternidad, sin reparar en su infinita sabiduría y providencia (la providencia es la disposición anticipada de Dios, para componer un daño realizado por nosotros, que mira y conduce al logro de nuestro bien y felicidad).

Como lo has visto, las parejas se hacen, no nacen por acción espontánea. Quien sabe amar de verdad, sabe que deberá trabajar diariamente para mantener esa "química" y atractivos iniciales a lo largo del tiempo.

Pero nunca olvidemos que las personas van cambiando con los años, lo mismo que la relación de pareja y también el sexo. Quien usa su inteligencia, sabrá aprovechar los cambios para ir mejorando y enriqueciendo cada vez más la relación: mejorando sus formas; siendo más afectivo; aprovechando mejor los momentos en que es posible "disfrutar de un momento juntos", con cierto grado de tranquilidad (la que muchas veces le falta a las parejas casadas); aumentando su tolerancia a los errores ajenos (aspecto muy importante en la relación de pareja, ya que todos tendemos a "ver la paja en el ojo ajeno y no en el propio"); aprendiendo cada vez más a escuchar los intereses de tu pareja, en forma real, y colaborando todo lo posible para que ella se realice como persona integral; aprendiendo a conversar de todo en forma atinada y oportuna, lo que ayuda a conocerse; aprendiendo a apreciar los sacrificios que hace diariamente por el bienestar de la familia.

En general, creando una relación rica y completa, en la cual se alcanza la sexualidad plena o madura y donde existe pleno conocimiento de tu pareja. Que asegura una relación sexual entretenida, rica, relajada, variada y espontánea, mezclando todos tus sentidos físicos con el afecto, admiración y amor que sientes por ella. A estas alturas de la vida, la relación sexual completa es muy gratificante en sí misma y rara vez es materia de preocupacion el número de orgasmos alcanzados o el cómo. Ambos se conocen a tal punto, que saben cuándo están dando el máximo de sus posibilidades en todos los aspectos de la vida; siendo esto extremadamente gratificante, produciendo una sensación de plenitud en la relación que va más allá de lo meramente físico y racional, integrando a ello una sensación de satisfacción del alma.

Estas parejas existen, hay muchas de ellas a tu alrededor; lo que pasa es que se habla muy poco de los matrimonios exitosos y felices, y mucho de los que fracasan.

A la cultura de la satisfacción le interesa que fracasen más matrimonios, para hacer de la relación de pareja un bien desechable, sujeto a las leyes del "libre" mercado. Por otro lado, matrimonios estables y felices, atentan gravemente contra ella, contradiciendo todo lo que la cultura de la satisfacción predica a toda hora en algunos de sus medios masivos, como el cine, televisión, revistas, canciones, diarios y radios.

Los medios de comunicación muestran mayoritariamente a parejas que en forma accidental y como por magia se atraen de inmediato, por una especie de atracción irresistible que actúa como magneto, generando instantáneamente una relación idílica; y cuando esta sensación desaparece, se despiden fácilmente de la pareja y buscan de la misma manera a otra. Para esta mentalidad, no caben hijos, son un problema accidental si existen, porque son un estorbo para la "libertad" del término de la relación; además, cuestan dinero, que podría ser aprovechado en viajes u objetos que ofrece el mercado para "una vida con más comodidades". Trabajar la relación de pareja para mejorar la vida afectiva y sexual, sería un absurdo completo, ni siquiera se considera. Más absurdo aún sería hacerlo durante toda tu vida.

Coherente con lo anterior parecen ser muchos de los modelos e imágenes creados en los medios de comunicación para entretenimiento y publicidad, donde se busca que, sin darte cuenta, te identifiques con actores (siempre sonrientes, atractivos y exitosos) o situaciones que generalmente aparentan tener lo que todos desean, pareciendo que debido a eso que ellos "tienen", todo les sale más fácil en la vida.

Parecen darnos el siguiente mensaje: "Tú eres libre", "tienes derecho a ser feliz y buscar la felicidad", "ya te has sacrificado más que suficiente por otros", es tiempo de desechar lo que tienes (destruye tu vida actual) e inicia una aventura a la que tienes pleno derecho, donde las expectativas serían enormes y se te abriría un mundo de posibilidades de éxito y felicidad.

Mentiras y más mentiras. Tu felicidad sólo es posible encontrarla dentro de ti mismo/a, en una forma que no sea egoísta, que no perjudique a quienes te rodean. Sólo podrás ser feliz cuando valores lo que tienes, y te aseguro que tienes mucho más de lo que crees tener (algo simple, pero que nos cuesta tanto darnos cuenta por "falta de tiempo" o excusas que usamos para no detenernos a pensar positivamente).

Aprecia todo lo que tienes y disfrútalo, sé agradecido/a de lo que la vida y quienes te rodean te dan, y no vivas preocupado/a de lo que tienen otros, o de lo que crees que te haría más feliz, ya que lo más probable es que no sea cierto.

Aprecia a todas las personas, cada una tiene su propia historia, y una enorme cantidad de valores esperando que tú los descubras. Dedica el tiempo y atención que te permita conocer a quienes tienes más cerca. Sin conocimientos difícilmente puede haber afecto, aprecio, admiración, o amor.

¿Te gustaría tener mucho dinero? ¿Cuántas personas reales (no de la televisión) con dinero conoces que sean más felices que tú? El tener más bienes conlleva diferentes o mayores problemas, y no existe relación alguna con el grado de felicidad o alegría de vivir que sentimos.

¿Te gustaría una pareja más "bonita físicamente"? ¿Crees que serás más feliz tan sólo porque ésta sea más bella? Es muy triste limitar la belleza de las personas al solo aspecto físico, cuando ésta se refleja en decenas de cualidades. Pero reconozco lo difícil que es en nuestra cultura estar consciente de ello, cuando se resalta tan poco el valor de millones de personas valiosas y tanto la belleza física de unos pocos modelos masculinos y femeninos. Sólo de ti depende desarrollar tu capacidad de ver y apreciar los valores de cada persona que puedes conocer diariamente en tu trabajo, amistades y familia.

La sexualidad y la vida son en muchos aspectos iguales. Sus fantasmas y mitos son los mismos, a veces sólo con nombres diferentes. Se es más feliz con los pies en la tierra, en la realidad; así se descubre todo lo bello y bueno que te rodea, y cuando tengas pareja, si aún no la tienes, te permitirá descubrir todos sus atractivos. Si alguna vez tienes que enfrentar problemas, recuerda siempre que cuando elegiste a tu pareja fue por sus cualidades, y ellas deben continuar descubriéndose cada día, cada minuto, mientras exista vida en ambos; de no hacerse, existe el riesgo de perder parte del aprecio que sientes, y sin darte cuenta. Así se construye la felicidad desde la única base real, tu propia base. Lo otro son imágenes falsas y seguirlas en tu vida, como si fueran o pudieran ser reales, sólo te traerá dolor a ti y a quienes más tú quieres en este mundo.

Fuente: www.sofisticada.com

 
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